jueves, 23 de julio de 2015


El argentino Richard López tiene un año viviendo en Honduras porque su representante lo dejó botado después de haberle hecho la promesa que jugaría en Liga Nacional, en Honduras quedó sin dinero y sin conocer a nadie por lo que le tocó ingeniársela para sobrevivir.
Tiene 23 años y a los 20 salió de la ciudad de Córdoba rumbo a México en busca de un mejor futuro, jugó dos años allá sin llegar a la primera división, estuvo entrenando seis meses en las reservas de Pachuca, pero luego pasó a jugar en otros equipos de segunda división con papeles falsificados y explica las razones del por qué lo hizo.

"Allá cobrabran como 80 mil pesos (unos 106 mil lempiras) por sacar los permisos de trabajo y por eso lo hacían, como me pagaban yo nunca dije nada, pero después las cosas se complicaron y se enteraron que era argentino y tuve problemas y fue cuando decidieron mandarme a Honduras", relata.
Su llegada al país centroamericano se dio en agosto de 2014 con rumbo a la Real Sociedad, pero al arribar a Tocoa se llevó la sorpresa que el club no contrata extranjeros por lo que su vida desde ese momento dio un giro de 180 grados.
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Richardo López, centro, mientras hacía una gira con las reservas de Tigre, equipo de Argentina.
"Vine solo, mi representante me dejó botado, el técnico Héctor Castellón me recomendó venirme a San Pedro Sula para probarme en equipos de segunda división, acá me enviaron con Ricardo "Charlie" Zúniga porque es quien más gente coloca en clubes de primera, pero no se dio nada tampoco", dice con tristeza.
Entrenó en Parrillas One y también en Villanueva FC, en el primero no se quedó por no tener el cupo lleno de extranjeros y en el segundo porque no se le quiso arreglar su situación migratoria, al no encontrar oportunidades en el fútbol profesional tuvo que arreglárselas para poder conseguir dinero.

"Me puse a andar barrileando (jugar burocrático) y ahí me vio alguien para que fuera a Parrillas One, llegué, me quedé entrenando todo el torneo anterior, pero no había cupo de extranjeros, no me pagaban, pero decían que para este torneo me contratarían, al final me lesioné, ellos cambiaron entrenador y me echaron", expresa.
Y agrega: "Me he ganado la vida barrileando los fines de semana, con eso me alcanzaba a subsistir", dice Richard López que se formó en las reservas de Tigre y ahora por partido le dan entre 500 y 1500 lempiras (entre 25 y 75 dólares)
LE TOCÓ VIVIR EN UN BORDO EN SAN PEDRO SULA
Al no tener mucha gente conocida su estadía se complicó porque no tenía donde vivir por lo que una de sus experiencias más duras es cuando le tocó vivir en el bordo que está a la orilla del Rio Bermejo, eso sí, antes le advirtieron que tuviera cuidado con su seguridad.
"Me recomendaron no salir y yo no lo hacía, solamente cuando iba a entrenar, era todo lo que hacía, la experiencia ha sido fea se ven cosas que nunca había visto como ver gente desnuda en la calle, niños descalzos por todas partes, algunos indigentes y sobre todo mucha basura", cuenta.
Agrega: "Cuando vi todo eso solo me dije en mi mente ¿adónde p... me vine a meter? Pero bueno, es lo que me ha tocado, no me queda de otra que vivir así".

Reconoce que esta aventura le ha permitido crecer mucho a sus 23 años: "Lo más duro que me ha tocado es estar solo en un país donde hay escasez de dinero, siento que me han tratado mal por ser extranjero, hay gente que me ha maltratado, me han hecho sentir menos por las condiciones en que ando.
Recuerda también cuando quisieron despojarlo de todo: "Una vez me quisieron asaltar, pero como pude me les escapé, no me quitaron nada".
Acepta que no se va para Argentina por falta de dinero ya que actualmente trabaja como instructor en un gimnasio, pero no recibe un salario fijo, depende de los clientes que lo elijan como entrenador personal.
"No hay dinero para el pasaje, además en Argentina no contratan jugadores, pero espero en noviembre irme y estar con mi familia, pero el hecho de vivir solo me ha hecho darme cuenta que no hay mejor cosa que vivir en casa", relata mientras recuerda a su madre, su padre y sus hermanos.
Y así, llevando una vida aústera y esperando una oportunidad para jugar en algún club profesional, Richard López confía en que las cosas saldrán bien y que prontó volverá a ver a su familia.

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